Siendo exactamente las 6:45 AM, me dispongo a empezar este blog. Pero, ya, a ver... ¿De qué cresta va a tratar este blog?. Bueno, comento que este es el típico blog "secreto" de una ex; de una de esas cientos de exes que hay aquí en Santiago de Chile, y en el mundo. Este es mi shúper blog secreto (que se supone que, dentro de un tiempo más no tenga que ser tan secreto, porque si no, qué triste escribir para uno sola... no sé) en donde contaré, cuando pueda, cuando sienta los deseos, cuando ande ebria o ande con bajón emocional, mi historia con el que ya es, desde hace unos 4 años, mi ex; a quién llamaremos para evitar que San Google lo haga llegar a este blog, Señor Belmonte.
Yo, mujer de 28 años, lamentablemente para mí no los aparento. Ya, cualquiera puede decir "pero qué bakán verse tan joven" y weás así, pero a la hora de salir a buscar machos, la cosa no pega ni junta, sobretodo porque me ven cara de pendeja y al final termino más botá que un papel con caca.
Ahora estoy en un punto de quiebre, sin mucho que hacer en la vida, más que resignarme a un total reset de mi existencia. Empezar de cero una carrera nueva. Detalles de eso, después.
Esta es la típica historia de la mina que, en algún momento, rayó N la papa con el ex. Ya, el primer amor, el primer pico, los primeros condones, los primeros culeones en el baño de los amigos en los carretes. Cosas de ese tipo y más.
Cuando conocí a Belmonte (allá pal 2003), yo era una tonta fea recién llegada de Calama. Poto de botella, media gorda, desdreñada, casi ciega, ultra ñoña y ultra ansiosa de conocer Santiago y lo que podía ofrecerme. Entré a mi carrera (Ilustración), pasé el primer año piolamente. Súper inocente de lo que me depararía el destino.
Y allí apareció Belmonte. En ese rato, un pendejo de 17 años, medio feo, narigón, pelo medio ni que largo. Nos habíamos conocido por MSN y quedamos de juntarnos para hablar weás triviales del foro en el que participábamos. Llegó con una rosa y su entrada fué un "ejem, Hola... ¿Eres *inserte mi nick de esos años aquí*"?".
Buen movimiento lo de la rosa. Habían pasado unas semanas de mi cumpleaños y cómo yo estaba lejos de mi casa ese detallito fué el boom.
Después me invitó un helado. Una copa payaso. La recuerdo bien por que yo odio el helado de frutilla, y la pinche copa tenía, en su mayoría, helado de frutilla. pero me la comí cagá de la risa.
Weon, fué la mejor copa con helado de frutilla de mi vida.
Y allí nació el romance.
Nos pusimos a pololear un 14 de Noviembre. Cuando me pidió pololeo, le dije que no, que debía pensarlo. él me dijo: "te esperaré lo que sea necesario".
Una semana después, acepté gustosa.
Luego vinieron las idas a su casa. Él vivía en ese entonces sólo con su madre. Supongo que en esos años no mantenía buena comunicación con su ella (a quíen llamaremos dulcemente, Señora Torta), por que cuando fuí a su casa, se supone que yo era una amiga y necesitaba donde alojar. Ya, que las madres no son estúpidas, si la señora ya había cachao pa onde iba el barco. Yo, niña buena y educada, le dije: "gracias por permitirme pasar la noche en su casa". A lo que ella, sin más, abriendo los ojos de par en par, explotó en risa.
Yo nerviosa sin saber donde meterme, dí media vuelta y me fuí a la pieza de Belmonte.
Y allí sus toqueteos locos, besos, corridas de mano. Lo típico.
Hasta que la relación se comenzó a volver sólida, bella, soñada. Y el niño feo que me regaló una rosa se convertía en un hombre muy atractivo para mi. Comenzó poco a poco en convertirse en un caballero andante, se dejó la barba y el bigote (detalles físicos que me matan y me calientan a un extremo sobrecojedor), más, su nariz, triangular, grande, de hombre, y la barbilla cuadrada, y esos labios gruesos....
Y el pelo largo, largo.
Pero eso es lo físico. Psicológicamente hablando también comenzó a ser soñado, era muy amable, me mandaba mails y mensajes bellísimos, de esos que una soñó desde pendeja. Aún recuerdo uno de los primeros, el que más cariño le tengo, que dice algo así:
"Eres el ángel que llena mi existencia, y nunca lo olvides, porque siempre lo serás".
Weon, ¿cómo no caer rendida ante eso?.
Y los detalles, lindos detalles a la bajada de la micro (darme la mano para que bajase), abrir la puerta, cederme el asiento, ir a comer completos a La Naranja (cómo nota, sólo hasta ayer me dí cuenta de que la Naranja ya no existe cómo tal; ahora se llama Billy Boy's), esperarlo en el Monumento a la Amistad para salir a dar unas vueltas locas. Y el sexo. Genial sexo. Hacer el amor. Una vez se enojó conmigo porque le dije que teníamos sexo, me dijo "nosotros hacemos el amor".
Era, lo que siempre esperé. lo que siempre pedí en mi época de niña buena evangélica (no, ahora no, soy una zorra condenada al fuego eterno, pero tienen que esperar hasta que llegemos a esa parte).
Definitivamente era el amor de mi vida, el hombre perfecto. Duramos casi cuatro años.
Cuatro años maravillosos... Cuatro años de cuentos de hadas...Hasta que las cosas se comenzaron a poner, inexplicablemente, extrañas.
